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    April 30

    informacion para entender un poquito a los travestis

    Es generalmente aceptado que ningún hombre es 100% masculino ni mujer alguna

    es 100% femenina. Siendo así, todo varón tiene cualidades femeninas que requieren

    expresión y cualquier mujer tiene cierta agresividad, tendencias de dominación, etc. en

    varias de sus actividades, pero, en su caso, le es permitido ataviarse de la manera más

    adecuada para realizarlas. Es así que contamos con mujeres militares, mujeres policías,

    conductoras de autobuses, remachadoras, mensajeras motociclistas, etc. En todos estos

    casos, ellas visten ropa evidentemente masculina que resulta adecuada y deseable para

    satisfacer tanto sus exigencias internas propias, como las impuestas por tales

    actividades.

    Sin embargo, en el caso del varón que pretenda expresar sus cualidades femeninas

    como su ternura, su ausencia de agresividad, su capacidad de compasión o bien su gusto

    por el color, el diseño y la belleza o sus talentos artísticos o domésticos, será mal visto o

    será objeto de burla y escarnio. Una persona así llegará a sentirse completamente

    inadecuada al manifestar este aspecto de su personalidad vestido con pantalones. De

    esta modo, así como la mujer que conduce un autobús puede armonizar sus deseos

    íntimos con las condicionantes impuestas por su trabajo, gracias a que viste un atuendo

    masculino; el varón que intenta expresar su personalidad y liberar el aspecto femenino de

    su ser, podrá lograr mayor armonía vistiéndose de mujer, aplicándose maquillaje y

    calzando zapatillas de tacón alto, etc., que usando pantalones. Es por eso que él adopta

    atuendos femeninos, maquillaje y bisutería para permitir que su lado femenino “viva”.

    Ataviado de esta manera, sus sentimientos y patrones de conducta que resultan

    inapropiados para una persona viril, se tornan aceptables y pueden ser expresados. El

    hombre tiene tanto derecho como la mujer a la emancipación y a la libre expresión.

    Es importante poner énfasis en que así como la mujer que conduce un autobús es

    perfectamente capaz de ser una buena esposa y una buena madre en cuanto termina su

    trabajo y vuelve a vestir su ropa femenina; el varón travestista no sacrifica ni pone en

    peligro su masculinidad como consecuencia de sus ocasionales conductas

    transgenéricas. Las esposas y los parientes que consiguen entender este hecho,

    descubrirán que el varón que así se comporta se convierte en un ser humano con una

    capacidad de comprensión mucho más amplia, profunda y sincera gracias, precisamente,

    a su “doble género”. de la que de otra manera podría tener.

    En nuestra cultura, el hombre común está muy a la defensiva con respecto a toda

    manifestación o sospecha de feminidad. No obstante, en todos y cada uno de ellos hay un

    cierto grado de feminidad. Aquellos hombres que toman consciencia de esta

    circunstancia, que aprenden, sin culpabilidad, a aceptar el lado más tierno de su

    naturaleza, ya sea por medio del travestismo o de alguna otra forma, por lo general se

    vuelven mejor integrados, más seguros y más íntegros como seres humanos, por el hecho

    de haber actuado así. Ellos dejan de estar en conflicto con una parte de sí mismos y de ser

    hipersensibles a las opiniones de los demás.

    ¿Qué son los travestis? ¿cómo podemos saber que alguien lo es? ¡La respuesta es

    que no es posible saberlo! Los travestistas no salen a las calles admitiendo a voz en cuello

    sus tendencias. Las guardan en secreto debido a su miedo al ridículo o a las acusaciones

    de homosexualidad. No sería posible detectar a simple vista a una persona transgenérica

    porque, en promedio, se trata de un hombre casado, por lo general es un padre y está

    bien integrado a la sociedad. Es eficiente y adecuado en el campo de sus relaciones de

    trabajo y, desde cualquier punto de vista, resulta ser “un buen tipo”. Sin embargo,

    muchos hogares se han deshecho y muchas relaciones entre el padre y los hijos han sido

    gravemente afectadas debido al descubrimiento o revelación de las conductas

    transgenéricas del marido, del hijo, del hermano, del padre o del amigo. Cuando las

    personas no tienen suficiente información, es imposible que sepan cuál es el fondo del

    problema y lo comprendan. Y cuando no lo entienden, se sienten temerosos e inseguros,

    y, teniendo miedo, se tornan crueles. Así es la vida. Ahora bien, la razón de ser de este

    libro es que el conocimiento y la comprensión puedan revertir esta cadena.

    Entiéndase que no se pretende difundir el travestismo, sino paliar los muchos

    sufrimientos infligidos por la sociedad en virtud de su reacción tan excesivamente

    represiva, debida simplemente a su falta de comprensión de la verdadera naturaleza de la

    persona transgenérica y a que la ha confundido con otros patrones de conducta. Es de

    desear que esta discusión amplíe el horizonte del conocimiento y de la comprensión de

    aquellos que la lean y que amplíe su consciencia de las complejidades del animal humano

    quien, como un iceberg, con frecuencia tiene una mayor existencia por debajo que por

    encima de la superficie. Esta consciencia nos volverá más comprensivos y tolerantes para

    con nuestros congéneres.